Podríamos decir que vamos cada tarde a jugar a vóley porque nos gusta este deporte. Bueno, no está mal. Podríamos decir que queremos hacer algo de deporte. Ya estoy en forma. Podríamos decir que es por el sol, el mar, la brisa… Menuda mierda sentimentalista. Podría decirse que somos muy competitivos y nos gusta entrenar. Somos unos perros. O que nos gusta acabar de arena hasta el culo cada día. ¿Hay alguien a quién le guste la arena? Podría ser porque siempre haces amigos. Yo no. O porque te reencuentras con antiguos colegas. A los que no quieres ver. Las cañas de después que tanto nos ganamos. Aunque parezca mentira, tampoco es nuestro mayor aliciente. No nos gusta bañarnos por la sal. No nos gusta correr por el sudor. No nos gusta el sol porque nos quemamos. Podríamos dar mil escusas y todas serían creíbles pero no sinceras. No os diremos porqué bajamos a la playa día sí, día también.
Solo os enseñamos una foto del último partidillo-pachanga. Creed lo que os plazca. Pensad lo que queráis. Sacad vuestras propias conclusiones. Diremos que en realidad tampoco bajamos porque nos gusten las chicas, aunque lo diremos por decir.




















